La hora de la siembra.

Camino de Chitwan rodamos paralelos al río Seti. Sus fértiles orillas parecen el lugar idóneo para el cultivo del arroz.
A principios de primavera, los habitantes de esta región se encuentran inmersos en la tarea de preparar los campos para la futura cosecha. Innumerables tiros de bueyes surcan las embarradas terrazas, mientras centenares de mujeres se encargan de traspasar los jóvenes brotes de los semilleros a los arrozales.
Verde que te quiero verde!!!

Un buen apurado.

Después de unos días caminando por la montaña sin tiempo ni ganas para afeitarse, una vez llegados a la civilización, es hora de visitar al barbero.
Este oficio en extinción en occidente, por estas tierras sigue siendo muy popular. Tras cerciorarme del pertinente cambio de cuchilla, el barbero dejará mi cara como el culo de un bebé.
Alguno parece tener cuentas pendientes con su barbero y no se fía de poner el gaznate cerca de su navaja.

Trekking en imágenes.


Poco a poco las bestias van quitándole un peso de encima a los porteadores.

La cima del Machhapuchhare es inalcanzable, no sólo por su dificultad técnica, si no por ser una cima sagrada para los nepaleses.



Gélida noche de luna llena en el Santuario de los Anapurnas.

Trekking del Santuario de los Anapurnas.

Ha llegado la primavera a Nepal y con ella la hora de caminar por las montañas. En Pokhara, elegimos la ruta que se adentra en el mismo corazón del macizo de los Anapurnas.
Desde Phedi, una sucesión de escalones que parecen no acabar nunca, nos pone en sobreaviso de lo que nos espera en sucesivas jornadas. Por otra parte, la lluvia que no nos había visitado salvo en contadas ocasiones durante el viaje, hace su aparición cada tarde. Jugamos al correquemepilla ganando la partida, ya que el camino cuenta con numerosos lugares donde guarecerse. Además, poco nos importa la lluvia, la temperatura es excelente y la primavera está en pleno apogeo. Diminutos pajarillos revolotean por la frondosa vegetación compitiendo en colorido con las flores que encontramos a nuestro paso. Pero entre todas ellas, es la flor del rododendro, la reina del lugar. Este árbol, que en Europa no pasa de arbusto, sobrepasa aquí la decena de metros.
El agua de las tormentas vespertinas se convierte en nieve a partir de los 3.000 metros, recordándonos que aunque en primavera, nos encontramos en pleno Himalaya (en sánscrito, morada de las nieves). Después de un verano de casi once meses, el frío golpea fuertemente nuestro cuerpo torero. Pero el cansancio y el frío se olvida de inmediato al contemplar el espectáculo que nos rodea. El Hiunchuli, todos los Anapurnas y el Machhapuchhare conforman un gigantesto circo que nos hacen sentir insignificantes.
Recordamos, que aunque estamos delante del primer ochomil escalado por el hombre (siempre que Mallory e Irvine no alcanzaran el Everest 25 años antes), la cima principal de los Anapurnas, es una de las montañas más temidas por los himalayistas y suele ser el último "cromo" en la carrera de los ochomiles. No en vano, cuenta con una considerable lista de montañeros que perdieron la vida en el desafío de coronarla.

Para quitarse el sombrero.

Durante el camino por las montañas nos cruzamos con numerosos porteadores. Sobre sus espaldas, pesadas cargas que superan los 40 kilos. Nos invade una mezcla de culpa, admiración, impotencia y respeto.
Durante el descenso encuentro apoyada en una chautara una cesta cargada con mazorcas de maiz.
- Parece no pesar demasiado y viniendo de un país dónde se levantan grandes piedras por afición... no debiera tener problemas para levantarla.- Pienso.
Aprovecho que no se ve a nadie por alrededor, y confiado voy a por la primera alzada.
Primer intento... nulo.
Posiciono mejor mis pies, coloco recta mi espalda...
Hasta mis oídos llegan unas risitas femeninas. Enseguida se acerca una joven (doce años) y con tanto descaro como soltura, me muestra lo sencillo que resulta levantar la carga.
Pero lo mas bochornoso está por llegar. Acto seguido, se acerca su hermana de apenas 9 años y con una enorme sonrisa y gran facilidad, golpea de nuevo mi decrépito orgullo.

Con dolor de cuello, las mejillas sonrojadas y sintiéndome un pitxulín, cojo mi liviana mochila y continúo mi camino.

No sólo se hace camino al andar.

Nepal cuenta con pocos kilómetros de carretera o pista y para adentrarse en su territorio, es necesario caminar por sinuosos senderos. Pero la compleja orografía obliga a sus habitantes a la laboriosa tarea de construir puentes colgantes, levantar barreras de contención o esculpir miles y miles de perfectos escalones.

Lo que contamina el agua.

En los diferentes trekking se puede encontrar fácilmente agua embotellada a lo largo del camino. Además, nada cara teniendo en cuenta que la tienen que portear hasta tan remotos lugares. Pero esto supone un grave problema ecológico, pues una vez consumida, el envase de plástico o PVC es un gran contaminante. Se estima que sólamente en el área de conservación de los Anapurnas se introducen anualmente un millón de botellas de plástico.
Por lo que no está de más poner un poco de nuestra parte. Nosotros utilizamos un filtro cerámico o agregamos gotas potabilizadoras (que nos regalaron Lola y Joan), cuando el frío o el cansancio nos impide bombear.

Rumbo a Pokhara.

Abandonamos el terreno llano y nos adentramos en las montañas. Una serpenteante carretera nos va subiendo hasta Tansen. Paradita y paseo hasta un cercano mirador, desde dónde divisamos en la lejanía las montañas a las que nos dirigimos: a la izquierda el Dhaulagiri y a su derecha todo el macizo de los Annapurnas.

Pero para llegar hasta su base, debemos pedalear todavía por terreno sinuoso, atravesando collados y descendiendo nuevamente hasta el fondo de los valles. Tres duras jornadas que tendrán como recompensa uno de los rincones más bellos de Nepal, el lago Pheva, junto a Pokhara.
Ha llegado el momento de aparcar la bici y colgarnos la mochila, pero antes unos días para descansar, hacerse con todo lo necesario para el trekking y darle gusto al paladar, tratando de tapizar con un poco de carne nuestros huesos, evitando así que la mochila se nos clave en el costillaje.

El arte de la pesca.

Durante el viaje hemos tenido ocasión de conocer diferentes artes de pesca. Desde la tradicional caña al lanzamiento de redes, descargas eléctricas, redes chinas o arpones fabricados con radios de bicicletas.
Pero esta forma de pescar no la habíamos visto hasta ahora. Una línea de mujeres con sus redes van "barriendo" la anchura del río. Por detrás, las mas jóvenes dan cuenta si algún afortunado pececillo paso la primera criba.

Las bicicletas son para el Terai.

En el Sur de Nepal, en el Terai, debido a su orografía plana y al escaso poder adquisitivo de sus habitantes, la bicicleta sigue siendo el medio más utilizado para el transporte de personal y mercancías.

Incluso los niños van a la escuela en bicibus.

Lumbini, la cuna del budismo.

Antes de adentrarnos en las montañas visitamos Lumbini, uno de los enclaves religiosos más importantes del mundo y lugar dónde, según dicen, nació Gantama Siddhartha, Buda. Alrededor de este destino de peregrinación, comunidades budistas de todo el mundo (Camboya, Japon, Sri Lanka...) han levantado sus respectivos templos y monasterios.

Pedaleando por el Terai.

A pesar de que Nepal cuenta con las cimas más elevadas del planeta, al Sur de su territorio posee una fértil llanura a escasos 200 metros de altitud. Pedaleamos por ella tratando de recuperar la forma perdida en las "vacaciones" de India.
El escaso tráfico nos permite disfrutar plenamente del paisaje que nos rodea. Frondosos bosques dan relevo a campos de cultivo y no pasan muchos kilómetros sin que atravesemos pequeños poblados con casas de paja y barro. La temperatura, a principios de marzo, es una delicia.
Sin saber muy bien por qué, nos embriagamos de una alegría muy difícil de explicar. Quizá sin saberlo, nos estamos contagiando de la simpatía que irradian las gentes del lugar.

Las casas tharus.

Los antiguos pobladores y nativos de esta región, los tharus, siguen construyendo sus casas de forma artesanal con los elementos que encuentran a su alrededor. Entrelazan maderas y las cubren de barro haciéndolas frescas incluso en verano. Con barro construyen también parte de su mobiliario: baldas, hornos, tinajas... El problema, que después de que el monzón haga su visita, se debe reconstruir lo destruido por las lluvias torrenciales.

A fuego lento.

En Nepal apenas se utiliza el gas para cocinar y por supuesto, nada de vitrocerámicas o cocinas de inducción. Aquí todo se cuece a base de quemar madera.
Continuamente vemos como niños, jóvenes y mayores descienden de las montañas cargados de gran cantidad de madera. El problema es que la población crece y los bosques hasta ahora vírgenes van desapareciendo. Bosques y junglas donde, a día de hoy, siguen apareciendo animales y plantas por catalogar. Si la población no cambia de hábitos y las autoridades no facilitan o subvencionan otras fuentes, el daño será irreparable.A fuego lento... desforestando rápidamente.

Namaste.



Cruzamos la frontera con la incertidumbre de lo que nos deparará el país. Las noticias de las últimas semanas hablan de un Kathmandú sin electricidad ni gasoil, debido al bloqueo de las carreteras.
Confiando en la buena estrella que nos viene acompañando durante todo el viaje, pedalearemos poco a poco esperando que las aguas vuelvan a su cauce.