La hora de la siembra.
Un buen apurado.
Este oficio en extinción en occidente, por estas tierras sigue siendo muy popular. Tras cerciorarme del pertinente cambio de cuchilla, el barbero dejará mi cara como el culo de un bebé.
Trekking del Santuario de los Anapurnas.
Desde Phedi, una sucesión de escalones que parecen no acabar nunca, nos pone en sobreaviso de lo que nos espera en sucesivas jornadas.
El agua de las tormentas vespertinas se convierte en nieve a partir de los 3.000 metros, recordándonos que aunque en primavera, nos encontramos
Recordamos, que aunque estamos delante del primer ochomil escalado por el hombre (siempre que Mallory e Irvine no alcanzaran el Everest 25 años antes), la cima principal de los Anapurnas, es una de las montañas más temidas por los himalayistas y suele ser el último "cromo" en la carrera de los ochomiles. No en vano, cuenta con una considerable lista de montañeros que perdieron la vida en el desafío de coronarla.
Para quitarse el sombrero.
- Parece no pesar demasiado y viniendo de un país dónde se levantan grandes piedras por afición... no debiera tener problemas para levantarla.- Pienso.
Aprovecho que no se ve a nadie por alrededor, y confiado voy a por la primera alzada.
Primer intento... nulo.
Posiciono mejor mis pies, coloco recta mi espalda...
Hasta mis oídos llegan unas risitas femeninas. Enseguida se acerca una joven (doce años) y
con tanto descaro como soltura, me muestra lo sencillo que resulta levantar la carga.
Pero lo mas bochornoso está por llegar. Acto seguido, se acerca su hermana de apenas 9 años y con una enorme sonrisa y gran facilidad, golpea de nuevo mi decrépito orgullo.
Con dolor de cuello, las mejillas sonrojadas y sintiéndome un pitxulín, cojo mi liviana mochila y continúo mi camino.
No sólo se hace camino al andar.
Lo que contamina el agua.
Rumbo a Pokhara.
Pero para llegar hasta su base, debemos
pedalear todavía por terreno sinuoso, atravesando collados y descendiendo nuevamente hasta el fondo de los valles. Tres duras jornadas que tendrán como recompensa uno de los rincones más bellos de Nepal, el lago Pheva, junto a Pokhara.
Ha llegado el momento de aparcar la bici y colgarnos la mochila, pero antes unos días para descansar, hacerse con todo lo necesario para el trekking y darle gusto al paladar, tratando de tapizar con un poco de carne nuestros huesos, evitando así que la mochila se nos clave en el costillaje.
El arte de la pesca.
Pero esta forma de pescar no la habíamos visto hasta ahora. Una línea de mujeres con sus redes van "barriendo" la anchura del río. Por detrás, las mas jóvenes dan cuenta si algún afortunado pececillo paso la primera criba.
Las bicicletas son para el Terai.
Lumbini, la cuna del budismo.
Pedaleando por el Terai.
El escaso tráfico nos permite disfrutar plenamente del paisaje que nos rodea. Frondosos bosques dan relevo a campos de cultivo y no pasan muchos kilómetros sin que atravesemos pequeños poblados con casas de paja y barro. La temperatura, a principios de marzo, es una delicia.
Sin saber muy bien por qué, nos embriagamos de una alegría muy difícil de explicar. Quizá sin saberlo, nos estamos contagiando de la simpatía que irradian las gentes del lugar.
Las casas tharus.
A fuego lento.
Continuamente vemos como niños, jóvenes y mayores descienden de las montañas cargados de gran cantidad de madera. El problema es que la población crece y los bosques hasta ahora vírgenes van desapareciendo. Bosques y junglas donde, a día de hoy, siguen apareciendo animales y plantas por catalogar. Si la población no cambia de hábitos y las autoridades no facilitan o subvencionan otras fuentes, el daño será irreparable.
Namaste.
Confiando en la buena estrella que nos viene acompañando durante todo el viaje, pedalearemos poco a poco esperando que las aguas vuelvan a su cauce.
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